Para el público reunido en Old Warden la noche del 15 de agosto, se suponía que sería un espectáculo apacible: aviones antiguos volando al son de una orquesta en vivo mientras la luz se atenuaba, los famosos "Flying Proms" de la Colección Shuttleworth. Entonces, uno de los aviones de carreras más valiosos del mundo rebotó, dio una vuelta, regresó y terminó la noche boca arriba.
El avión era G-ACSS Casa Grosvenor, Un de Havilland DH.88 Comet. No una réplica. El auténtico avión de carreras escarlata que ganó la carrera aérea de Inglaterra a Australia de 1934, que aún vuela más de noventa años después. En su aproximación final, aterrizó bruscamente, rebotó y su piloto, con buen criterio, abortó el aterrizaje. El segundo intento salió mal: el Comet se pasó de largo, volcó y dio una vuelta de campana, arrancándose la cola.
- Aeronave: de Havilland DH.88 Comet, G-ACSS Casa Grosvenor
- Motivo de su fama: Ganador de la carrera aérea MacRobertson Inglaterra-Australia de 1934.
- Incidente: Vuelco de morro al aterrizar, aproximadamente a las 19:20 BST, 15 de agosto de 2026.
- Dónde: Los Flying Proms, aeródromo de Old Warden (Shuttleworth), Bedfordshire
- Multitud: El piloto fue hospitalizado; no hubo más heridos.
- Motores: Dos aviones De Havilland Gipsy Six R (con fuselaje de madera).
El avión que llegó a Australia antes que el resto del mundo
La DH.88 fue construida con un único propósito: ganar la carrera de 1934 entre Mildenhall y Melbourne. De Havilland produjo solo tres unidades: esbeltas máquinas de madera con dos motores Gipsy Six y un diseño limpio, entonces revolucionario. Casa Grosvenor, El avión, pilotado por Charles Scott y Tom Campbell Black, cruzó la meta en Melbourne en menos de tres días y se alzó con el premio.
Precisamente por eso, verlo volcado sobre el césped resulta tan doloroso. El avión fue donado a la Colección Shuttleworth en 1965 y restaurado minuciosamente, volviendo a volar en 1987 tras 49 años en tierra. Desde entonces, ha sido una de las máquinas en condiciones de vuelo más raras del mundo: un auténtico rompedor de récords de la década de 1930 que aún surca los cielos.

Un aterrizaje forzoso, no una catástrofe.
A pesar de todo el drama, el coste humano parece ser afortunadamente mínimo. El Shuttleworth Trust informó que el piloto fue rescatado, estaba consciente en el lugar del accidente y fue trasladado al hospital para una evaluación. Nadie más resultó herido y, en un gesto muy británico, la segunda parte del programa orquestal continuó.
La aeronave en sí es otro asunto. Una cola rota y un vuelco son daños graves para una estructura de madera, y cualquier reparación será un trabajo largo y delicado para una máquina cuyas piezas son prácticamente irremplazables. Sin embargo, la aviación clásica ya ha pasado por esto; el Comet ya resurgió una vez tras décadas de inactividad. Si algún avión merece una segunda resurrección, es este.
Fuentes: The Shuttleworth Trust; Aviation News; European Airshows; aviation-safety.net.




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