En los años más oscuros de la Guerra Fría, ingenieros estadounidenses diseñaron un arma tan espantosa que muchos de los que la construían se sintieron aliviados cuando se canceló el proyecto. Se trataba de un misil de crucero con un reactor nuclear sin protección como motor, diseñado para volar durante semanas.
El programa del motor se llamaba Proyecto Plutón. El misil era el SLAM, el misil supersónico de baja altitud. Su propio director lo apodó la palanca voladora.
Nunca realizó una sola misión. Esta es la historia de una máquina que, deliberadamente, era demasiado mala para construir.
Datos rápidos
- Programa: Proyecto Plutón (reactor) y el misil SLAM
- Años: 1957 a 1964
- Propulsión: Estatorreactor nuclear, un reactor que sobrecalienta el aire.
- Velocidad y altura: Alrededor de Mach 3 a la altitud de las copas de los árboles
- Rango: Prácticamente ilimitado
- Carga útil: Múltiples bombas de hidrógeno
- Apodo: La palanca voladora
- Cancelado: Julio de 1964
Un estatorreactor con un reactor por corazón.
Un estatorreactor es el motor a reacción más simple que existe: no tiene álabes giratorios, solo un tubo con una forma que permite que el aire, al ser impulsado a alta velocidad, se comprima, se caliente y se expulse por la parte posterior. Normalmente, ese aire se calienta mediante la combustión de combustible. Los ingenieros del Proyecto Plutón tuvieron una idea más oscura: calentarlo con un reactor nuclear.
Si se le quitan los tanques de combustible, un avión de propulsión nuclear puede volar casi indefinidamente. Ese era precisamente el objetivo. El SLAM podía permanecer en el aire durante semanas y luego lanzarse contra sus objetivos a tres veces la velocidad del sonido, a tan baja altura que ningún radar o interceptor de la década de 1960 podía alcanzarlo.

La palanca voladora
El plan era tan despiadado como sencillo. SLAM atravesaría territorio enemigo a gran velocidad, lanzando bombas de hidrógeno una tras otra a lo largo de una ruta sinuosa, impactando ciudad tras ciudad en una sola misión.
Su forma tosca y decidida le valió un apodo sombrío del propio director del proyecto, y el nombre se mantuvo porque era acertado: no era un arma elegante, era un garrote.
Un arma que mataba con solo pasar
Esta es la parte que horrorizó incluso a sus creadores. El reactor, elemento central del SLAM, carecía de blindaje para ahorrar peso, por lo que el misil dejaba un rastro de gases radiactivos por dondequiera que volaba. Su paso a baja altura producía una onda expansiva y un ruido tan violento que podía herir a las personas en tierra.
En otras palabras, SLAM podía matarte sin soltar nada. El simple hecho de que pasara zumbando por encima de ti, escupiendo lluvia radiactiva y un estruendo ensordecedor, ya era un arma en sí misma. Eso hacía casi imposible probarlo, porque ¿adónde se supone que vas a volar una máquina que envenena todo lo que hay debajo?
Tory ruge en el desierto
El reactor en sí era real y funcionaba. Los ingenieros construyeron unidades de prueba llamadas Tory-IIA y Tory-IIC y las pusieron en marcha en un lugar remoto del desierto de Nevada, atornillándolas a vagones de ferrocarril porque dejarlas volar era impensable.
En 1964, el Tory-IIC rugió a máxima potencia durante unos minutos, demostrando que un estatorreactor nuclear podía, de hecho, escupir fuego. Fue un auténtico triunfo de la ingeniería, ligado a una idea verdaderamente monstruosa.
Demasiado terrible para desplegarlo
A mediados de 1964, la situación había cambiado radicalmente. Los misiles balísticos intercontinentales habían llegado, capaces de transportar ojivas con mayor rapidez y a menor coste que cualquier misil de crucero nuclear de baja altitud. Y el SLAM planteaba una inquietante pregunta que sus planificadores no podían responder: un arma tan provocadora, tan incontrolable durante las pruebas, podría ser más peligrosa para sus propietarios que para el enemigo.
En julio de 1964, el Proyecto Plutón fue cancelado. La palanca voladora nunca despegó, y muchos de sus creadores se alegraron en secreto. Resulta que algunas armas son tan efectivas que incluso una superpotencia se inmuta.

Fuentes: Wikipedia, archivo del Proyecto Fourmilab Plutón, Air & Space




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