Se suponía que sería un martes cualquiera. El vuelo 1380 de Southwest Airlines despegó del aeropuerto LaGuardia de Nueva York la mañana del 17 de abril de 2018, con destino a Dallas y 149 personas a bordo. El primer oficial, Darren Ellisor, pilotaba el vuelo; en el asiento izquierdo, la capitana Tammie Jo Shults supervisaba. Nada en el despegue presagiaba lo que estaba por venir.
Aproximadamente treinta minutos después del despegue, el avión ascendía a unos 32.000 pies cuando el motor izquierdo falló. No fue una parada silenciosa ni un apagado gradual, sino una falla violenta e incontrolable. En el interior del CFM56, una pala del ventilador se había agrietado en su base por fatiga del metal y se había desprendido. La pala impactó contra la carcasa del ventilador, y el impacto destrozó la cubierta del motor en la corriente de aire.
- Fecha: 17 de abril de 2018, en ruta desde el aeropuerto LaGuardia de Nueva York hasta el aeropuerto Love Field de Dallas.
- Aeronave: Boeing 737-700, matrícula N772SW, dos motores CFM56-7B
- A bordo: 149 personas — 1 fallecido, 8 heridos leves
- Fallo: una pala del ventilador se fracturó por fatiga del metal, fallo del motor sin contención a unos 32.000 pies
- Tripulación: Capitana Tammie Jo Shults (ex piloto de caza de la Armada de los Estados Unidos) y Primer Oficial Darren Ellisor
- Resultado: aterrizaje de emergencia con un solo motor en Filadelfia, 17 minutos después del fallo.
La ventana y la pelea en la cabina
Los restos de la góndola desintegrada impactaron contra el fuselaje. Un trozo de la cubierta golpeó la aeronave cerca de una ventana de la cabina y la arrancó. En un instante, la cabina perdió presión. La aeronave se inclinó bruscamente hacia la izquierda —los registradores midieron posteriormente una inclinación de más de 41 grados— mientras el humo inundaba la cabina de mando y se encendían las alarmas.
Esta es la parte de la historia que debe contarse con claridad. Jennifer Riordan, pasajera sentada junto a la ventana rota, fue parcialmente arrastrada hacia afuera por la ráfaga de aire. Otros pasajeros y los auxiliares de vuelo lucharon por traerla de vuelta al interior. Fue trasladada a un hospital en Filadelfia, donde falleció; fue la única víctima mortal del accidente y la primera muerte de un pasajero en una aerolínea comercial estadounidense en más de nueve años. Todo lo que se sabe sobre la pericia aeronáutica queda ensombrecido por esa pérdida.
Entrenado para este preciso momento.
Cuando falló el motor, el capitán Shults tomó el control mientras Ellisor revisaba los protocolos de emergencia. Ambos pilotos se pusieron las máscaras de oxígeno e iniciaron un descenso de emergencia hacia una zona con aire respirable. El 737 volaba con un solo motor, muy desequilibrado, y con un agujero en el lateral de la cabina.
En cierto modo, Shults estaba hecha para esto. Antes de Southwest, había pilotado cazas para la Armada estadounidense y fue una de las primeras mujeres en volar el F/A-18 Hornet en servicio naval. Ese mundo —empuje asimétrico, alta carga de trabajo, mantener la concentración cuando el avión intenta perder el control— le resultaba familiar. Juntos, la tripulación abordó el problema metódicamente en lugar de luchar contra él.
Calma en la radio
Lo que captó la atención del público después fue el audio. Durante toda la emergencia, la voz de Shults por radio se mantuvo firme, casi coloquial, mientras coordinaba el desvío a Filadelfia. Cuando un controlador le preguntó si el avión estaba en llamas, ella respondió que no, pero que simplemente faltaba una parte del avión.
Diecisiete minutos después de que comenzara la falla, el vuelo 1380 aterrizó sin problemas. Un bimotor averiado, con un motor destruido, una brecha en la cabina y todos los pasajeros aterrorizados a bordo, logró aterrizar. La pericia aeronáutica demostrada, tanto por los pilotos como por la tripulación de cabina, que nunca dejó de trabajar, es precisamente el tipo de competencia discreta que esta revista celebra.

Por qué se desarmó el motor
La Junta Nacional de Seguridad del Transporte dedicó meses a rastrear la causa de la falla: una grieta por fatiga de bajo ciclo oculta en la ranura donde la pala del ventilador se asienta en el disco, invisible desde el exterior. De forma preocupante, existía un precedente: veinte meses antes, otro Boeing 737 de Southwest había sufrido una fractura de pala de ventilador sorprendentemente similar en el mismo tipo de motor.
En los días posteriores al accidente, los reguladores emitieron directivas de aeronavegabilidad de emergencia que exigían inspecciones ultrasónicas de la flota de motores CFM56, y Southwest comenzó a inspeccionar todos los motores que operaba. El informe final de la NTSB fue más allá, recomendando el rediseño del motor y la cubierta para que una pala del ventilador desprendida no pudiera volver a provocar una brecha en la cabina.
Lo que dejó el vuelo
El vuelo 1380 cambió la forma en que se inspecciona una enorme flota del avión comercial más común del mundo y, con el tiempo, cómo se construyen las cubiertas de sus motores. Ese es un legado real y perdurable en materia de seguridad, pagado a un precio terrible. Jennifer Riordan es recordada por su familia y su comunidad, y ningún aterrizaje, por muy hábil que sea, puede borrar ese recuerdo.
Lo que la tripulación les brindó a las otras 148 personas a bordo fue un futuro. Tammie Jo Shults y Darren Ellisor no hicieron magia esa mañana; demostraron entrenamiento, disciplina y buen juicio bajo una presión que la mayoría de nosotros jamás enfrentaremos. Así es la aviación profesional en su máxima expresión.

Fuentes: Wikipedia (Vuelo 1380 de Southwest Airlines); NTSB/AAR-19/03; NPR; Philadelphia Inquirer.
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