La mañana del 27 de agosto de 1939, sobre la fábrica de Heinkel en Rostock-Marienehe, un pequeño monoplano de morro chato despegó con un sonido nunca antes escuchado en un avión: un aullido ascendente y desgarrador en lugar del familiar golpeteo de los pistones. Era el Heinkel He 178, y en aproximadamente seis minutos se convirtió en el primer avión de la historia en volar impulsado por un turborreactor.
Cinco días después, Alemania invadió Polonia. La atención mundial se desvió hacia otro lado, y la máquina que acababa de inaugurar la era de los reactores quedó relegada al olvido. Era un proyecto privado, construido casi en secreto, y a los responsables del Ministerio del Aire del Reich no les importó en absoluto.
Este mes se conmemora el 87.º aniversario de aquel vuelo. El avión original desapareció hace mucho tiempo, destruido en un bombardeo aéreo en 1943, pero una réplica a tamaño real se encuentra hoy en Rostock-Laage. A continuación, se narra con sobriedad cómo, por primera vez, se dejó atrás la hélice.
Datos rápidos
| Tipo | Banco de pruebas experimental para aviones a reacción monoplaza |
| Primer vuelo | 27 de agosto de 1939 (breve salto el 24 de agosto), piloto Erich Warsitz |
| Central eléctrica | 1 × Turborreactor centrífugo Heinkel HeS 3, ~4,4 kN (992 lbf) |
| Velocidad máxima | 598 km/h (372 mph) |
| Construcción | Fuselaje de duraluminio; alas de madera |
| Destino | Exhibida en Berlín; destruida en un bombardeo aliado en 1943. |
Un motor sin hélice y un fabricante lo suficientemente audaz como para financiarlo.
El He 178 existió para demostrar la idea de un hombre. Hans Joachim Pabst von Ohain, físico de la Universidad de Gotinga, había patentado el uso de los gases de escape de una turbina de gas para la propulsión a mediados de la década de 1930. Su intuición era de principios: la vibración y el ruido de la combinación pistón-hélice le resultaban molestos, y razonó que un ciclo continuo de compresión, combustión y expansión sería más suave y, a alta velocidad, superior.

Mientras que Frank Whittle en Gran Bretaña trabajaba con escasos recursos y la indiferencia oficial, von Ohain encontró un industrial dispuesto a arriesgarse. Ernst Heinkel contrató a von Ohain y al mecánico Max Hahn en 1936 y los instaló en Marienehe. Un prototipo propulsado por hidrógeno funcionó en el banco de pruebas en 1937; el motor de vuelo que le siguió, el HeS 3, funcionaba con gasolina y fue probado en el aire suspendido bajo un Heinkel He 118 antes de propulsar un avión por sí solo.

Seis minutos después de Marienehe
La estructura del HeS 3 era deliberadamente sencilla: un fuselaje metálico de sección circular con la toma de aire en la nariz, el motor en la parte central, detrás del depósito de combustible, y un largo tubo de escape que expulsaba los gases por la parte trasera. Las alas, de montaje elevado, eran de madera. El tren de aterrizaje, diseñado para retraerse, permaneció bloqueado durante todas las pruebas.
Erich Warsitz, piloto de pruebas de Heinkel, ya había volado el He 176 propulsado por cohetes. El 27 de agosto de 1939 realizó el vuelo inaugural del He 178.
Su rendimiento fue modesto en cualquier sentido: una velocidad máxima de unos 598 km/h (372 mph) y una autonomía de unos pocos minutos. Pero lo importante nunca fueron las cifras. Lo importante era que un avión había volado sin hélice alguna y había demostrado la viabilidad del concepto.
El avance que Berlín ignoró
Heinkel había mantenido todo el programa en secreto, incluso para la Luftwaffe. El 1 de noviembre de 1939, tras la campaña de Polonia, organizó una demostración para altos mandos. Hermann Göring no asistió; Ernst Udet y Erhard Milch sí, pero no quedaron impresionados. La limitada velocidad y autonomía del avión, en el contexto de una guerra que parecía ya casi ganada, resultaban más evidentes que las leyes de la física.
Heinkel jamás perdonó aquella omisión. Sin que él lo supiera, el ministerio financiaba discretamente su propio proyecto de aviones a reacción, pero siguiendo la línea del flujo axial, no la suya. El He 178 no tuvo un resultado directo; montar el motor dentro del fuselaje resultó poco práctico, y Heinkel pasó al caza bimotor He 280. El único prototipo se exhibió en Berlín, donde un bombardeo aliado lo destruyó en 1943. Sin embargo, la era de los reactores que había inaugurado definiría la segunda mitad del siglo.
Fuentes: Wikipedia (Heinkel He 178; Hans von Ohain); historiadelaguerra.org; Lutz Warsitz, El primer piloto de jet (Pen & Sword, 2009).




0 Comments