Según un acuerdo de hace décadas entre los servicios estadounidenses, el Ejército no debería pilotar sus propios aviones de combate; ese trabajo le corresponde a la Fuerza Aérea. El Grumman OV-1 Mohawk es la gran excepción: un turbohélice rechoncho, de triple cola y con faros saltones, construido exclusivamente para el Ejército, diseñado para volar a baja altura sobre un campo de batalla y ver todo lo que el enemigo esperaba ocultar.
Datos rápidos
- Tipo: Grumman OV-1 Mohawk: turbohélice para vigilancia en el campo de batalla.
- Primer vuelo: 14 de abril de 1959
- Multitud: dos, uno al lado del otro
- Motores: dos turbohélices Lycoming T53 — de ahí las tres colas
- Sensores: radar de visión lateral (SLAR), infrarrojos y cámaras
- Jubilado: Ejército de los Estados Unidos, 1996 (se fabricaron aproximadamente 380 unidades)
Construido para ver
El Mohawk surgió a raíz de un requerimiento del Ejército a finales de la década de 1950 para un avión robusto de vigilancia del campo de batalla (los Marines se unieron brevemente, pero luego se retiraron). Grumman lo equipó con dos turbohélices Lycoming T53, una cabina con asientos uno al lado del otro bajo una cúpula acristalada para una visibilidad panorámica, asientos eyectables y un ala para pistas cortas, apta para terrenos irregulares.
Su característica triple cola era una muestra de puro pragmatismo de ingeniería: el par motor generado por dos grandes turbohélices habría requerido, de otro modo, una sola aleta de unos 4,5 metros de altura.

Los ojos del Ejército en Vietnam
En Vietnam, el Mohawk era los ojos del Ejército. De día, sobrevolaba las copas de los árboles tomando fotografías panorámicas; de noche, patrullaba a unos 240 metros de altura, cartografiando el terreno con radar de barrido lateral e infrarrojos para detectar tropas y camiones que se movían bajo la densa vegetación de la jungla. Era un trabajo peligroso —65 Mohawks se perdieron en Vietnam— y la aeronave se ganó una lealtad inquebrantable entre las tripulaciones que la pilotaban.

El único destructor de MiG del Ejército
El Mohawk también podía contraatacar. Algunas versiones llevaban lanzacohetes y ametralladoras, y en febrero de 1968, un Mohawk armado pilotado por Ken Lee derribó, según se cuenta, un MiG-17 norvietnamita, a menudo citado como el único derribo de un avión de ala fija en combate aire-aire jamás reclamado por la aviación del Ejército estadounidense. El relato es de segunda mano, por lo que se recuerda mejor como una leyenda entrañable que como un dato oficial.
Una carrera larga y tranquila
El Mohawk siguió vigilando en todas partes: la DMZ de Corea, la Europa de la Guerra Fría, Centroamérica y, finalmente, los desiertos de la Operación Tormenta del Desierto, antes de que el Ejército lo retirara en 1996. Se construyeron alrededor de 380; un puñado de ejemplares que pertenecieron al Ejército siguieron en servicio con Argentina hasta la década de 2010, y algunos propietarios de aviones de guerra mantienen algunos volando hasta el día de hoy.
Nunca tuvo un aspecto destacable: tres colas, un morro bulboso, hélices donde cabría esperar aviones a reacción. Pero durante casi cuatro décadas, el Mohawk cumplió la tarea, poco glamurosa pero esencial, de indicar al Ejército con exactitud qué se encontraba tras la siguiente colina. Nada mal para un avión que, según le dijeron al Ejército, no debería haber tenido.
Fuentes: Defense Media Network; MilitaryHistoryNow; Vintage Aviation News; Wikipedia.




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