En otoño de 1996, un avión a reacción despegó de un aeródromo secreto en el desierto de Nevada. Parecía más un accesorio de una película de ciencia ficción que una aeronave. Sin rostro, sin cola, encorvado, con su único motor oculto en su fuselaje, surcó los cielos en total secreto. Sus creadores lo bautizaron como Ave de Presa, en honor a la nave de guerra klingon de Star Trek.
Durante seis años, casi nadie fuera de un pequeño círculo sabía de su existencia. Cuando Boeing finalmente lo presentó en 2002, aquella extraña silueta negra resultó ser uno de los aviones más influyentes de los que el público jamás había oído hablar.
Datos rápidos
- Fabricante: McDonnell Douglas / Boeing Phantom Works
- Programa: 1992-1999, financiado con fondos privados (aproximadamente 1.406.700 millones de dólares).
- Primer vuelo: Otoño de 1996; 38 vuelos de prueba en total
- Multitud: 1
- Motor: un turbofán Pratt & Whitney Canada JT15D
- Actuación: aproximadamente 300 mph, techo de unos 20.000 pies
- Nombre: inspirada en la nave estelar klingon "Ave de Presa" de Star Trek.
- Reveló: 18 de octubre de 2002; actualmente en el Museo Nacional de la USAF.
Un proyecto negro con nombre de Star Trek
El Bird of Prey nació en Phantom Works, la división secreta de proyectos avanzados que dirigía McDonnell Douglas (y que Boeing heredó tras la fusión de ambas compañías). Era un prototipo de la empresa, financiado con capital privado por un valor aproximado de 1.040.670 millones de dólares; no un arma, sino un laboratorio móvil para dos ideas que darían forma a todo lo que vendría después.
El primero era sigilo sin las facetas afiladas del F-117 Nighthawk: superficies lisas y fusionadas sin huecos evidentes, y una toma de aire del motor oculta en la parte superior del fuselaje para que ningún radar pudiera ver el interior del motor. El cuerpo con aristas hacía eco del linaje de la SR-71 Blackbird. La segunda idea consistía en encontrar formas más económicas y rápidas de construir aeronaves.

Para reducir costes, el equipo resistió la tentación de añadir lujos innecesarios. El motor era un turbofán estándar para aviones ejecutivos. Los controles eran hidráulicos manuales sencillos —sin sistemas fly-by-wire— porque la forma del avión era lo suficientemente estable como para volar sin ellos. Incluso el tren de aterrizaje se tomó prestado de un Beechcraft. Este avión se construyó para demostrar ideas, no para participar en combates aéreos.
El verdadero avance no fue el sigilo.
He aquí la clave: el legado perdurable del Ave de Presa no fue su firma de radar, sino su proceso de fabricación. El programa fue pionero en la creación de grandes estructuras compuestas de una sola pieza, el uso de herramientas desechables económicas y, algo extraordinario para la década de 1990, el diseño y la práctica del ensamblaje dentro de un modelo tridimensional de realidad virtual antes de cortar el metal. Estas técnicas son hoy en día un estándar en la industria.
Las técnicas de fabricación se incorporaron directamente a los prototipos posteriores de Boeing, como el X-32, que compitió por el puesto de caza principal (Joint Strike Fighter), y el dron de combate sin cola X-45. En cuanto a diseño y filosofía, se puede trazar una línea desde aquel silencioso avión negro hasta las aeronaves furtivas no tripuladas que vuelan hoy en día.

Saliendo de las sombras
Para 2002, los métodos que había desarrollado se habían extendido por toda la industria, por lo que el secreto ya no importaba. Boeing sacó el Ave de Presa a la luz del día y finalmente la donó al Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, donde ahora cuelga sobre un F-22 Raptor — un lugar idóneo para ese peculiar y pequeño avión a reacción que ayudó a enseñar a toda una generación cómo se construían las aeronaves.
Fuentes: Wikipedia; Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos; comunicado de prensa de Boeing, 18 de octubre de 2002; Jane's.
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