Desde el frente parecía el futuro: un gran avión a reacción de doble fuselaje con un morro afilado y sin cabina visible donde cabría esperar. Vixen marina de Havilland Fue uno de los cazas más futuristas que jamás haya pilotado la Marina Real. También fue uno de los más letales, sobre todo para los hombres que lo pilotaban.
Rápido, armado con misiles y equipado con radar, el Sea Vixen debería haber sido un triunfo de la ingeniería británica de los años 50. En cambio, su historia está marcada por un historial de accidentes desalentador y una cabina que sus propias tripulaciones apodaron "el agujero del carbón".“
Datos rápidos
- Aeronave: de Havilland DH.110 Sea Vixen, caza de la flota embarcada
- Operador: Servicio Aéreo de la Flota de la Marina Real, 1959-1972
- Disposición: Doble brazo, dos motores Rolls-Royce Avon, dos plazas
- Armamento: Solo misiles — Firestreak y luego Red Top — más cohetes; sin armas de fuego.
- Motivo de su fama: Primer avión británico biplaza en alcanzar velocidad supersónica (en picado).
- Historial sombrío: De los 145 construidos, 55 se perdieron en accidentes, 30 de ellos mortales.
Un luchador sin armas
El Sea Vixen rompió con la tradición de una forma que sorprendió a sus contemporáneos: no llevaba ningún cañón. Su potencia de fuego provenía exclusivamente de misiles guiados —primero el Firestreak, luego el Red Top— apoyados por lanzacohetes no guiados. En una época en la que la mayoría de los cazas aún estaban repletos de cañones, un interceptor que solo utilizaba misiles parecía ciencia ficción.
En su interior, era una máquina de lo más moderna: alas en flecha de 45 grados, dos turborreactores Rolls-Royce Avon integrados en una cola de doble botalón y un radar para localizar bombarderos soviéticos sobre el mar. Incluso se convirtió en el primer avión británico biplaza en romper la barrera del sonido, aunque solo en picado.

El agujero del carbón
Aquel morro futurista ocultaba una crueldad. El piloto se sentaba bajo una cabina descentrada a la izquierda. Su observador de radar se sentaba abajo y a la derecha, casi completamente dentro del fuselaje, sin nada que ver más allá de una ventana de aproximadamente 18 por 25 centímetros, generalmente cubierta por una persiana para que la pantalla del radar siguiera siendo legible. Las tripulaciones la llamaban el agujero del carbón, y nadie se ofrecía voluntario para ocuparlo.
Una sombra desde el principio
Este modelo nació de una tragedia. El 6 de septiembre de 1952, el prototipo DH.110, del que se desarrolló el Sea Vixen, se desintegró en el aire durante el Salón Aeronáutico de Farnborough. Los restos cayeron sobre la multitud, causando la muerte de 31 personas, entre ellas el piloto de pruebas John Derry y su observador Tony Richards. Sigue siendo uno de los peores desastres aéreos de la historia.

En servicio, las pérdidas fueron constantes. De los 145 Sea Vixen fabricados, 55 fueron destruidos en accidentes: 30 de ellos fatales, y en 21 de esos accidentes murieron tanto el piloto como el observador. La estructura del avión era capaz, pero la eyección desde la bodega de carbón era lenta y a menudo mortal, y la Fleet Air Arm pagó un alto precio al volarlo desde las cubiertas de los portaaviones en constante movimiento.
En 1972, el Sea Vixen desapareció, reemplazado por el Phantom. Hoy se le recuerda como un caza hermoso y vanguardista, y como un recordatorio de lo brutal que fue realmente el salto a la era de los reactores y los misiles.
Fuentes: Wikipedia; Patrimonio de BAE Systems; Thunder & Lightnings; Testimonios de tripulaciones aéreas de SeaVixen.org.
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