El 13 de octubre de 1954, el teniente BD Macfarlane, piloto de la Marina Real Británica, salió despedido del portaaviones HMS Albion al fallarle el motor. Su avión cayó al mar justo delante del buque, que pasó por encima, partiéndolo en dos. Atrapado entre los restos que se hundían, bajo el agua, con el portaaviones de 20 000 toneladas sobrevolando la zona, Macfarlane accionó la palanca de eyección y sobrevivió.
El avión que lo llevó hasta allí fue el Westland Wyvern: un caza de ataque turbohélice grande y brutal, con hélices contrarrotatorias y fama de matar a los hombres que lo pilotaban.
Datos rápidos
- Aeronave: caza de ataque de portaaviones Westland Wyvern
- Operador: Servicio Aéreo de la Flota de la Marina Real, 1953-1958
- Motor: El turbohélice Armstrong Siddeley Python acciona hélices contrarrotatorias.
- Armas: Torpedos, bombas y cohetes
- Distinción sombría: Sus fallos de encendido durante el lanzamiento provocaron la primera eyección submarina de la historia.
- Construido: 127 aeronaves, tras un problemático desarrollo de nueve años.
Un dragón que tardó nueve años en ser domesticado.
El Wyvern fue concebido justo al final de la era de los motores de pistón y, de forma un tanto forzada, se adaptó a la era de los turbohélices. Su versión final estaba propulsada por un turbohélice Armstrong Siddeley Python de unos 3.500 caballos de fuerza, montado detrás del piloto y que accionaba dos conjuntos de hélices de cuatro palas contrarrotatorias en la parte delantera mediante un largo eje.
Sobre el papel, era un potente avión torpedero y de ataque. En la práctica, transcurrieron casi nueve años desde su primer vuelo hasta su entrada en servicio, ya que Westland tuvo que lidiar con una serie de problemas y una serie de accidentes fatales que le dieron a este modelo una reputación sombría entre los aviadores navales.

El motor que falló en el arranque
El defecto más letal era el propio Python. Al ser lanzado desde una catapulta, el motor a menudo no podía soportar el repentino aumento de potencia y se quedaba sin combustible, apagándose en el peor instante posible: justo cuando el avión abandonaba la pista sin altura ni velocidad.
Eso fue exactamente lo que le ocurrió al teniente Macfarlane. Cuando su Wyvern cayó al mar delante del HMS Albion y se partió por la mitad, mantuvo la calma, esperó y disparó su asiento Martin-Baker mientras estaba completamente sumergido.
Una guerra real

A pesar de sus problemas, el Wyvern sí entró en combate. Durante la operación de Suez en 1956, varios Wyverns realizaron ataques terrestres desde el portaaviones HMS Eagle. Uno de ellos fue derribado por fuego antiaéreo; su piloto se eyectó y fue rescatado del mar.
Su carrera en primera línea fue breve. En 1958, el Wyvern había desaparecido, superado por los aviones a reacción puros, y nunca se le echó mucho de menos. Ahora se le recuerda como un avión potente, pero torpe y sin futuro, y como el que obligó a un hombre a convertirse en el primero en eyectarse desde debajo de las olas.
Fuentes: Hush-Kit; Military Matters; Let Let Let Warplanes; Wikipedia.
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